Nueve

  • 1




"Yo te conozco de antes...." Cultura Profética.
_____________________________________________


No tiene nombre, 
vaga por la ciudad como un niño desierto. 

Cree tener al cielo por ruedo, 
pues mira con cierto ademán ingenuo 
el vaivén de los astros. 

Es ahí justamente dónde lo encuentro, 
El espejo:
dónde desvisto mis sombras, 
mis colores ajados y que él, 
con cierta vocación de sirena, 
remeda después de cada beso. 

Quisiera entrar a sus laberintos, 
abrir todas las habitaciones, 
colgar cuadros, rayar muros, gritar en sus adentros. 

Quisiera,
 navegar bajo sus olas, 
descubrir el fondo de sus avernos y calcinar, 
cambiar, mutar de piel después de cada caricia. 

Es omnipresente, 
vive bajo los cimientos de mi alma, 
juega con su luz y todos mis prismas,
 muerde uno a uno mis huesos, 
como un susurro revotando en las murallas. 

Es electricidad y fuego conjugados, 
un vendaval violentando las ventanas de esta casa, 
esta casa que llevo por cuerpo 
y que tiembla cada vez que me miro al espejo. 

Salty

  • 0

Photo : Unknown artist

“In the darkness I will meet my creators”
Daughter – Smother

Supimos regresar
del recuerdo:

entumecidos de ayer,
como los astros

y de quién, sino de ti
susurra cuentos esta noche,

mientras todo se viste de azufre,
y la oscuridad se preña de siluetas,

mientras la noche respira,
y nos descuelga del alba,
como un fruto,

como un trueno después del relámpago

palpitando entre sus piernas

De papel ...

  • 2

XII

"Pero el silencio es cierto. Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy sola. 

Hay alguien aquí que tiembla"

Caminos del Espejo - Alejandra Pizarnik 
Para el espejo.

De puntillas repasa el espejo en la ventana, se busca en la oscuridad de su cuarto, cuando con los ojos bien abiertos, puede, sin querer, adivinar lo que pasa bajo el anochecer y su escafandra, cuando su soledad tiene vocación de golondrina, cuándo sus pasos parecieran llenar de ruidos toda la casa, porque la ciudad de cuando en vez enmudece y susurrar se hace hábito.

Su profunda y afilada delgadez, es similar a la cicatriz en la voz de los abuelos, delicada, como el arco en la espalda de los gatos y lánguida, como la sombra del día y sus muertos. 

 Desprevenido del tiempo, toma sus audífonos, enciende su computador y se desprende, inicia un viaje onírico, en busca de sinestesia e involución en sus adentros, desenredarse, desmarañarse, ir tan lejos como lo permitan sus sentidos, dejar de existir si es necesario.

Y está allí, balanceándose, habitando viejas habitaciones, que a ratos parecieran desvanecerse y convertirse en más puertas. Aquí, todo converge, es un prisma. Aquí solo el silencio pronuncia su nombre. 

 Este momento, es donde se esconde del abismo que es el mundo, aquí es dónde el miedo quema y mordisquea los labios, aquí y ahora son una anacrónica perfecta, otro reflejo en el espejo, en la ventana rota y sucia por el recuerdo.

Estira los brazos, parece un árbol queriendo ser pájaro, nube o incluso el viento colándose por la falda de las colegialas, acariciando sus muslos lechosos. Todo pareciera colindar con lo infinito, con el vendaval que es la vida en estas instancias, en esta esquina en la desolación de uno mismo, el quehacer del tiempo, en el escalón que le falta al alcanzarse. 

Pareciera a lo lejos, un navío extraviado en la niebla, acorralado por las sirenas que embistió en el camino. Y es que conocerse no basta, tiene que desprenderse, desatarse, desanudarse para saber si es de carne y hueso, o de papel como siempre espero descubrirse.

El rigor de sus escalofríos, su vocación arácnida, pareciera ser un fruto maduro mordisqueado por el tiempo, por la soledad tácita de sus desencuentros. Parecieran esconder el verdadero color de sus adentros. 

Y está allí, a punto de alcanzarse, volatín devorado por el fuego, de la vida un náufrago … 


La electricidad se va de pronto… y es así, como de un salto entra a este averno que es “ahora”.

Mistress

  • 2

Aquí,

 muladar de vinilos viejos,
 fábula de trenes perdidos,
ciego elefante en busca de tinieblas.


Ahora,

des amordazar a las palabras,
 de esta urgencia de vértigo. 

Fedders

  • 0


Picture by unknown author

Aún sin la escafandra,
aquí todo es silencio.

La mañana:
tu nombre
lamiendo mis párpados,
la ola que crece
boca abajo en la cama
toda esta luz apremiando,
alzándome desde el único lugar
donde te encuentro

5 lunares

  • 2






"hoy es cualquier día
en un cuarto cualquiera
Festín de dos cuerpos a solas
fiesta de ignorancia saber de presencia"

Octavio Paz


Soy las palabras inesperadas,
de este cuarto:

el temblor del ventanal,
la costumbre de silencio,
la profecía que engendra la mañana,

cuando descalza pasean tus canciones,
en la quietud de este abismo
en la profecía del recuerdo

y ni siquiera la noche
ofrece cerrarte las mandíbulas

Hoy por hoy

  • 4


Esta noche,
me siento al borde de esta vida angulosa,
a reírme de mi misma.




s/t

  • 7

Esta costando dejar salir todo, de a poquito me empiezo a re acostumbrar a mis letras, digamos que ... estoy en período de reconstrucción. Lo que salió.


Pasa a veces, que me derrumbo,

que el hielo es ceniza y quemadura,

que el vacío le queda grande

a mis zapatos


Pasa que cuento sílabas

para alcanzarte,

miro todos los cerrojos

para encontrarte,

para mirar como un niño

lo que queda de tu estela,

después de enrolar la colilla

del cigarro,

y obsequiarle la espalda

a tu abismo

u.

  • 1

Que pasa si digo que … me colmas de mi hasta los huesos. Que el reflejo en el espejo ya no me pertenece, que la luz que se come todas estas sombras, no es mas que esta palabra atravesada en la distancia, esa que a veces me tilda las tardes, con esa esencia tuya que es tan mía y tan estaca y tan ingrata.

Te conozco en la ausencia, en lo desconocido, en las ansias de buscarme en tus suburbios, hundida en el hambre que tiene tu hambre.

Retomo esta misiva, para contarte, que a veces me queda corta la elocuencia, y solo quisiera decirte (con los ojos), que me hablas y yo soy de ceniza. A veces hasta la puerta parece traerte, cuando se abre de golpe, cuando la abraza este viento que entra por la ventana.

Re-encuentro

  • 5
Photo from Dudok's de Wit shortcut "Father and Daughter".

Existe un sonido, entre todos los sonidos, que me hace viajar a la niñez en un cometa. Puedo nombrar en primera instancia: el carrusel y su oxidado corazón, el sonido de los árboles, o la campana del colegio de monjas en el que estudié. Pero el sonido del que hablo, es aún más volátil, aún más simple y al mismo tiempo complejo. Hablo del sonido de la bicicleta al contacto con el asfalto. Sí, ese mismo. El sonido de la rueda en movimiento, el zumbido que hace la llanta sobre el suelo y que el sol hace arder en un afán casi retorcido.

Existe algo en la bruma que crea ese calor, en el sonido que habita esa instancia, algo que me hace volver a correr por la casa de la abuela, gritarle a las gallinas en el patio y escribir frases en los muros, frases que ahora además de esconderse, encierran nuevos misterios.

Tres pecas en el mentón, lumbago pronunciado y una desordenada cabellera rubia, hacían parecer a la abuela, un gran girasol. Recuerdo sus ojos descubriéndome, cada vez que inventaba historias absurdas del mundo, como los grandes elefantes del tiempo, siendo confundidos por montañas, o como las gaviotas al tocar el horizonte, se convertían en plata. Ella solo asentía con una mueca, una casi parecida a un guiño, para luego sentarse en la terraza a tomar mate, mientras el sol se hundía del otro lado del planeta. Aún ruge en mí su vocación de sirena: su voz meciéndose en la madrugada, tratando de abrumar al insomnio, que le abrazaba los párpados.

“Debes disfrutar la vida” decía, “Imagina que es como un paseo en bicicleta”.

Appear.

  • 0
The dream. Aparece!!

Not Fiction

  • 1



Photo by unknown author.


"This is fact not fiction” – Death cab for cutie / Lack of color


El brillo del momento la serenidad, el reflejo, todo, absolutamente todo, nos deja descalza allá, cerquita del borde de estas palabras, que aunque parezcan lejanas, me calcinan las pupilas.

Desde aquí, observo con cierta hambre el rigor de los días, el vaivén de tus olas, envolviendo(me), hundiendo (me) al tiempo, este que no sabe mi nombre y que enmudece, quizás, bajo que otras palabras.

Sucede, que en la nación desde la que proviene tu elocuencia, soy de ceniza, de papel oxidado por la pluma, de colores que desconozco y que la grieta entre tu nombre y el mío, agita en su lengua. Este precisamente es el lugar, que me permite escapar del desierto que es el mundo sin espejos.



Esto es un big bang. Shine.

Otra estancia

  • 2

Hacer, deshacer, correr, despegar, irse …


Aquí me hunde el silencio en sus fauces y resulta que más abajito del cielo, somos todos acólitos de este carrusel de sombras. Tengo palabra y media en la lengua y es que casi siempre me falta tu sílaba. Tu tilde afilada, cuando en las tardes todo horizonte, todo haz de luz no basta.


A cierta hora del día, las nubes se preñan de figuras, me aletargan la vista; a cierta hora de la tarde, también, la canción que dejaste bajo la almohada, regresa de cunclillas a estacarme sus corcheas en la tráquea.


Frente a mi edificio, una señora mira por la ventana, como si viera al mundo por primera vez; es tanta la ingenuidad en sus ojos, que me encantaría perderme en sus tierras y pintarle lunares a sus párpados. En la esquina hay un perro que le ladra a los autos y el calor comienza a debilitar al Heladero que sentado bajo el árbol, se protege, al igual que los abuelos, del sol y su tacto.


Hace calor en este cuarto y la ventisca que azota la ventana me hace recordar algun otoño que ya no existe. Creo que de cierta forma envidio la tarea del viento, envidio la libertad de sus alas, de su piel aterciopelada aquí en mi cuello. Envidio poder ir más allá de estas paredes y zapatear bajo los dientes huecos del silencio. Envidio como puede descubrirte sin la necesidad de que lo sepas… a decir verdad, si pudiera, quisiera violentarte con un céfiro.

Rock star

  • 3
Unknown author


En la fila del banco soy cantante de rock: afino mis voz (mas bien, hago ruidos extraños) antes de dar un sigiloso concierto, allí, en el espacio que queda entre el aire y el silencio, donde me escabullo a ratos a sacudirme la vida. Cierro los ojos, aprieto los dientes, para respirar profundo y preparar un grito (pero uno hacia adentro), y es justamente cuando diviso al abuelo a mi lado, erguido desde quizás que mundo, regalándome una sonrisa, una de esas escasas. Parece ser el único que escucha mi voz en este desierto, ese en mi cabeza después de la conciencia.

Con cierta tranquilidad elijo el tema indicado, el bolso que cruza mi regazo se convierte en instrumento y me permite repasar una a una las cuerdas de una guitarra. Debo hacerlo rápido, el abuelo muere por escuchar una canción, pero la fila se va acortando. La chica que va adelante, parece molesta por el ruido que alcanza a escuchar desde mis audífonos, y es que aún no puedo creer que exista gente que no haga comunión con el rock. Sigo afinando las cuerdas, me preparo para el intro, pero al parecer, la batería del reproductor no estaba lista para un concierto. Miro al abuelo con cara de espanto, pero él parece entender, parece tener más rock en los huesos de lo que aparenta, pues antes de hacer cualquier mueca, me muestra su boca despoblada de dientes, que contradictoriamente alcanza para una gran sonrisa.

Bom Voyage

  • 0


La tarea del día es husmear en los rincones, sacarle la lengua al vecino cuando da la espalda y quizás comer uno o dos duraznos mientras oigo el sonido del agua correr, al regar el pasto. Con los dedos dibujo los botones de la blusa, los memorizo, me muerdo las uñas a ratos, tratando de irme bien lejos de esta estancia, donde tengo los ojos llenos de mundo y aún queda tanto por retratar.

Aquí, en esta casa, todas las cosas esconden la herida de los años, la huella secreta de la melancolía, arriando el aliento de la tarde que a veces abre la puerta los domingos. El sol se esconde en la azotea, el abuelo sigue oliendo las matas de cedrón al costado de la reja, donde todos los días gritaba el nombre del viento, después de besar a la abuela a regañadientes. Y mamá, mamá me sorprende, sigue siendo una niña desde algunas sílabas, en la palabra “helícoptero”, por ejemplo, o en ese afán de mal pronunciar las “equis” y no decir taxi, sino “taCsi”.

Solía sentarme aquí, a desdibujarle el rostro a los días, a dibujar la raíz del silencio en las ventanas, enrollando el aliento. Solía también robarle tomates a la abuela y comerlos sentada en la hierba, oliendo ese dulce corazón que poseen algunos vegetales. Este lugar susurra por las noches, guarda mis pasos en su boca, para luego hacer eco en la memoria de los míos, cuando ya no esté, cuando me vaya, cuando vuelva por más de sus rincones, a aprender su nueva voz en los espejos, en el banquillo bajo el laurel y los zorzales, en esta habitación, en esta casa.