Michael Dudok de Wit / Father and Daughter

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Esto lo vi por primera vez, antes de ayer ... en la noche, había visto trabajos de Dudok y si, es un genio, pero esta corto... uff ..... La cosa es que me desarmo, me acordé tanto de mi abuelo que lo dejo aquí para compartirlo, para dejar en claro ... que es mejor no olvidar, que siempre es bueno quedarse con los recuerdos ... Abuelito, te amo demasiado.
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A la siesta (Escrito por Steppen Wolf)
[Gracias Anuar]
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A mi abuelo
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- La uva todavía está verde – dijo mi abuelo – Recién en febrero podremos cortar algunas.
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Debo admitir que no había reparado en los parrales; en ese momento alcé la vista un poco para constatarlo, pero mi atención se centró en el travesaño donde colgaban las uvas... Era una madera larga, de unos treinta centímetros de ancho y dispuesta en forma transversal. Las hormigas iban y venían por él con cierto desorden pero sin detenerse. Parecía una avenida, pero de hormigas.
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En una época fue muy común para mí pasar las tardes enteras en el fondo de aquella casa – de los abuelos - subido al manzano donde Alberto nos había construido una casita. Bañarme en la “pelopincho”, jugar al fútbol y remontar barriletes también formaban parte de mis divertimentos… pero esos días habían quedado atrás; pasados... El manzano ya no estaba y mi infancia tampoco. Ahora me limitaba a sentarme y tomar mate, leer un libro o simplemente dormir...
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Comenzó a correr una leve brisa y la camisa de mi abuelo –desprendida – se agitó apenas, como el suspiro de una bandera. Nos miramos durante un rato, quizá compartiendo la desazón de las uvas verdes, o el sopor de la siesta. Fue un momento de análisis mutuo, creo que hacía mucho tiempo que no lo veía. No me refiero al simple hecho de mirar, sino a “ver “; reconocer los rasgos, las marcas que hacen a las personas diferentes de otras, o parecidas a. Y allí estaba él, más avejentado, con las canas más canas que nunca y la mirada exhausta. Me colmó una sensación de tristeza y aprehensión. No por su cuerpo cansado y viejo de abuelo, sino porque el tiempo y la vida parecían haberlo vencido en cierta forma. Ya no me contaba de sus años como boxeador, los viajes con vialidad cuando construían puentes y caminos. O los partidos de fútbol con la biblioteca Cervantes. A decir verdad, me costaba entenderle cuando me hablaba. Y lo más probable es que se estuviese quejando del calor o de alguna otra cosa.
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La siesta pasaba como las hormigas, pero no tan rápido. Mi abuelo fue a darse la tercera o cuarta ducha del día; así que me quedé solo con el mate frío y las eternas uvas verdes. Era mi último día con ellos, el último del verano y quizá del año también porque mis visitas, desde hacía tiempo, eran muy esporádicas. Cruzó por mi mente la idea de ir a decirle a mi abuelo cuánto lo admiraba por todo lo que había trabajado durante su vida, el sacrificio que siempre había hecho por sus hijos. O en vez de una perorata poética y sentimental, decir simplemente: te quiero.
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Era de noche y en la oscuridad, los paisajes iban y venían igual que sueños. No dejaba de preguntarme... No dejo de preguntarme, ahora que estoy lejos, cómo será la próxima visita a casa de mis abuelos. Quizá los parrales cuelguen maduros de los travesaños atestados de hormigas apuradas y debajo los perros sin pulgas... Quizá la camisa de mi abuelo esté prendida, su cara sea un mapa abierto, sonriente. Y yo devolviéndole la sonrisa.
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AC Agosto 2007

1 comentario:

Anónimo dijo...

Yo también llegué a este corto de animación y me conmovió. Gracias a Dios existe todavía la sensibilidad humana. A través de este corto llegué también a tu blog, tu fantástica música... Gracias por hacerme más hermosa mi noche. Un saludo,

Cristòfol
cristofolpons@yahoo.es