Mute

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Por la tarde,
algún árbol queriendo ser pájaro,
alguna solitaria banqueta gritando compañía,
o la nostalgia de algún libro
durmiendo en el morral

y es que a veces,
la violencia del silencio
hecha raíces en la tráquea,
así, no queda más que mirar,
repasar con la punta de los dedos
las tildes en cada palabra,
como si la nostalgia
fuera a entumecerte de olvido,
como si tu voz
fuera hecha de arena

por la noche quizás,
escribir un nombre en la orilla del cuaderno,
recordar como te llamaba de niño la abuela,
o rescatar la humedad del tacto
en la nariz de una antigua mascota

porque de noche
la casas tienden a recobrar sus voces:
susurran la memoria de las cosas,

y no es sólo su voz
desde el abismo que es el tiempo,
sino también, la del polvo en las estanterías,
incluso la madrugada
dándose de golpes contra las ventanas

5 comentarios:

Santiago Paz dijo...

Si pudieramos escuchar a traves de este mundo de ruidos, los silencios de las cosas, quizas encontraríamos algo que no habíamos percibido antes.


Beijos.


Santiago.

ibuki_ dijo...

callarse es escucharse también...
es cierto lo de las casas, como cualquier otro lugar... retumba algo en los oídos, sin saber qué es.

La Habitacion invisible dijo...

shhh
son las paredes empapeladas de nuevo con tu poesia ,las que hablan
del silencio nuevo del viejo
de los antepasados dee ese silencio
hay una regrecion al polvo en todo lo que el hombre hara,ja biblico,pero cierto
shh
te leo.


Esteban

Fosfenos dijo...

Me refugiaste un poco en esa inocencia caduca, cuanta tibieza:

"hecha raices en la tráquea, así, no queda más que mirar"

como se te escapa la voz, casi pude oirte.

Guillermo N. A. dijo...

Es la tensión de uno reflejada en el silencio de las cosas, que por otro lado marchan como las aguas de un rio viejo... dejandonos gritar la angustia mientras nos miran con la venevolencia de quien sabe que todo, todo pasa, sabiendo esperar un poco...

Saludos...
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