Cuestión de ausencia ...

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|| A ti perruna amiga , descansa en paz.||

Nunca entendiste el ritual del atardecer,
el vaivén de los grillos,
o por qué los sábados llegaba un señor robusto
a llenarte el hocico de huesos…

quizás siempre me esperabas
en el portal de la casa,
con preguntas como:
¿De qué están hechas las palabras?,
o si conocía el nombre del viento,
y yo, nunca lo supe

ahora quisiera contarte tantas cosas,
decirte que si cierro los ojos,
aún te oigo cazar sombras en el patio,
que aún escucho tu nariz
olfateando las esquinas de la casa,
que papá busca el rastro de tus huellas
en el salón, después de encerarlo,
y que en tus patas
se dibujaban oscuras estrellas…

siempre quise preguntarte
de que forma veías al mundo,
por qué te agradaba la sombra del laurel,
o si el hambre tenía el mismo rigor
en tus entrañas …

me pregunto también,
si el aroma del guisado en la cocina
aún te embeleza la lengua,
o si sabias que en secreto envidiaba,
tu sinuoso silencio…

algún día partiré de aquí,
a cazar tu sombra,
y bajo los árboles
le susurraré tu nombre a las raíces

7 comentarios:

Septiembre* dijo...

has un nido en mi pecho...

Kuhane dijo...

Vuelve!!!

Kuhane dijo...

Vuelve!!!

Arquitextista dijo...

Está por ahí.

Siempre está por ahí.

Igual que mi patito amarillo.
cuando se fue, intoxicado en las manos de un niño de dos años,
tuve un llanto honesto.
El más honesto.

Me encanta tu tono,
es inevitable.

Santiago Paz dijo...

Creo que comparto tu dolor. Es más, tuve una perrita, hace muchos años, que era casi parte de mi inventario familiar y ahora es parte de los de mi memoria. Vivió no sé cuantos años en casa, y era la favorita de mi mamá, porque era excelente cazadora de lauchas que atacaban mi cocina. Y cuando ya estuvo vieja, una tarde encontró la puerta abierta y se fué. Creo que todos supimos que ella ya no volvería. Era como un elefante viejo que emprende su último caminar hacia el encuentro de la muerte. Por eso, creo que ella nos ahorró el hecho de verla vieja, cansada y desfallecer ante nuestros ojos. Y se me aprieta el corazón acordarme de ella y de cuanto extraño su ladrido mañoso.


Beijos.


Santiago.

Guillermo N. A. dijo...

Que en Gloria esté...
Lo siento Gia... contigo...

Saludos...
.

Fosfenos dijo...

¿De qué están hechas las palabras?,
o si conocía el nombre del viento,

eso suena bien zen
me gustó tu poema, aqui pasaba para alimentarme de tu mistica