Jane Austen

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Siempre traías las manos frías:

te parecías tanto
a la palabra que trae los domingos,
o al quejido de la puerta
con la ventisca de los sábados

eras similar, incluso,
a la cal que desprenden los muros,
a esa urgencia de tacto
que a veces padecen las estatuas

la soledad
no se cansa de arañar los ojos,
y en este cuarto
tus manos son astillas

3 comentarios:

TILLO dijo...

Hola:
Gracias por el comentario en mi blog!
No sé cómo llegaste a él, pero bueno, esa es la idea.
Visite cuando quiera nomas, aunque olvido actualizar, trabajo en eso.
Parece que tenemos un interés en común.

No conozco a Jane Austen, pero me gustó el texto.

Saludos

ROBERTO.

Angélica dijo...

Me encantó la expresión "esa urgencia de tacto que a veces padecen las estatuas".

De pronto me imaginé el poema en prosa. También quedaría armónico, creo.

Un abrazo,
A

septiembre* dijo...

...y en este cuarto, tu voz es mi caricia...


que tu día sea precioso..