Invisible

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Se calcina la imagen que palpita en la tráquea: hablo de una verdad que a medias tiene sabor en las palabras, porque se siente, se vive, desvive y ase con sus reveses, al vórtice que le entrega esta pausa. Ojala este oficio no solo abrazara la ausencia de tus ojos, ni esta mendiga hambre de tus manos. Y es que no aguanto, los hilos de estos actos humedecen el rostro, las cosas, incluso los huesos, dejando allí su condición de humo, de bruma bajo los ojos, como un mundo que orbita en la espera. Debería este hueco, mudar sus espantos y contener en su quiebre la voz única de mis hilvanes o alguna que otra metamorfosis… para así desanudarme.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hermoso, cada vez me sorprendes mas, se te extraña en esta ciudad...