Eyewitness

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Abre los brazos, inhala. A veces, tan sólo escucha el silencio descolgándose de las orillas: esas sombras arañando el rincón en que le faltas. Porque a veces todo el tiempo no parece suficiente, porque hay momentos en que la vida es decir nada: guardarse hacia adentro y desanudarse hasta las miradas.

En ocasiones piensa, que el retorno de tu estela está estrictamente ligado a lo que encierran tus labios o, en alguna otra dimensión, al tornasol que abraza tu rostro por las tardes: el mismo que resbala en las antiguas vitrinas del cielo y que de tarde, se dibuja en tu piel cuando la luz te da de golpe. “Mediría el radio de sus lunares, para luego crear mi propia galaxia bajo sus rodillas “piensa, mientras en algún lugar del cuerpo, azota el eco de un escalofrío. Observa sus manos, las voltea, busca nuevas líneas dibujadas sobre la palma, como si tratara de escapar de las ansias, de la imagen de esas mismas manos memorizando la gravedad de esa estrella que crece entre ambos. Exhala, dibuja con la punta de sus dedos las arrugas en su abrigo, observa al sol colándose entre los álamos, y no deja de preguntarse si tu esencia, es la misma que traen consigo las nebulosas: ese misterio divino fraguado en el helio de tus sonrisas.

Es cuando te ve llegar, desprendida del aire, solapando un universo dentro del otro, mientras se descascara el mundo en cámara lenta. Recoge los segundos, uno a uno, te observa como levitando en tu órbita, y finalmente colisiona: te abraza queriendo habitarte, componiendo una supernova que a veces enceguece al mundo. De pronto enmudece(le cuestan las palabras, mas que los gestos) acomodándote el cabello, dejando que sus ojos te relaten el lienzo que le pintas dentro.
A una supernova (una pareja estrellada)

1 comentario:

Septiembre* dijo...

quisiera tenerte a mi lado..

cuidate, cielo..