
No es el frío, ni la noche;
ni la calle y su voz
agujereada de aullidos,
tampoco lo sigiloso
que se vuelve el reloj por estos días,
o como de pronto,
huimos de ti y de mí en los espejos
aquí y allá,
es un verbo en las orillas,
todo el océano,
de aquí hasta tus pasos
es el un vaivén del silencio:
el vértigo,
el abismo que es tu nombre